Mi mejor amigo – @Resist_VZLA2017

Nos conocimos en Juangriego, Nueva Esparta, cuando su familia se mudó a 2 casas de la nuestra y compartimos muchas experiencias durante el bachillerato. Jugamos futbol, metras, béisbol y aprendí a jugar ajedrez. Por cierto, que, en ajedrez, por más que estudiaba, nunca he podido superar la genialidad de mi pana en el juego. Andrés se convirtió en mi mejor amigo… mi hermano.

Poco antes de mi viaje al exterior, Andrés se fue a Caracas para iniciar sus estudios universitarios. Allí nos perdimos el rastro.

Entre una cosa y otra (los estudios principalmente), pasaron los primeros 5 años. Después de regresar a mi país (Venezuela), comencé una investigación minuciosa y profunda para encontrar a mi mejor amigo: Andrés.

Me dediqué a trabajar, me mudé al Zulia, me casé, nació Carla Sofía. En ese transcurso (añ0 85), sucedió el lamentable accidente de mi padre y una vez que lo encontramos, poco después, renuncié a la empresa donde trabajaba y me mudé con mi familia a Margarita. Allí me encargaría, junto a mis hermanos, de la empresa de nuestro padre.

Allí (en Margarita) nació Luis Alfredo. Y poco después de su nacimiento vino la separación y divorcio con mi esposa. Ella se fue de regreso al Zulia.

Poco tiempo después, conocí a mi actual esposa. Y después de 2 años tuvimos nuestro primer hijo. Después de 4 años y de muchos sube y baja en la vida, nos mudamos a Carúpano, donde me habían ofrecido trabajo.

En Carúpano, después de establecerme y después del nacimiento de nuestro segundo hijo, comencé a recabar información sobre mi amigo Andrés. No tenía información sobre sus hermanos o padres. Y cuando pregunté si estaban en Juangriego, me informaron que todos se habían mudado y solo visitaban la casa en vacaciones.

El proceso de búsqueda se hizo largo pero interesante.

Comencé a contactar a los amigos en común y la mayoría no sabía del paradero de Andrés. En un mapa, iba marcando los puntos que me daban sobre su posible ubicación. Solo una antigua novia (Coromoto) me dio la pista que me llevaría hasta donde estaba mi amigo, o por lo menos eso pensaba yo.

Ella me habló de una finca en el Estado Guárico. Me dio el nombre de la finca (El Encanto), pero no sabía más nada. También me dijo el nombre de la esposa de Andrés: Samira.

Comencé a tratar de indagar el nombre de la población cerca de la finca y lo único que pude saber es que estaba cerca de un pueblo llamado El Corralito. No recuerdo el año del viaje (creo que fue en el 2003), pero fue durante unas vacaciones de julio y agosto. Muy temprano en la mañana, nos fuimos mi esposa, mis hijos y una cuñada, a ver si ubicábamos una finca con el nombre de El Encanto y cuyo dueño se llamaba Andrés, en un Estado que yo no conocía.

Recuerdo que llegamos a Zaraza como a las 2 de la tarde. De allí seguimos rumbo a Corralito que, según recuerdo fueron como 2 o 3 horas. En la vía, comenzamos a buscar los avisos de los nombres de los pueblos y fincas…. ¡no había!

Me detuve en la primera casa a la orilla de la carretera que encontré y después de saludar, les pregunté, a los que allí vivían si conocían la Finca El Encanto.

  • Noooo, eso debe ser más adelante. Me dijeron.

Seguí mi viaje ya preocupado porque estaba muy cansado y con sueño (le pedí a mi esposa que continuara manejando ella) y nos detuvimos en otra casa a la orilla de la carretera.

  • Sra. Estoy buscando una finca que cultiva maíz llamada El Encanto.
  • Nooo Sr. No he oído hablar de eso nunca.
  • ¿Y donde puedo encontrar un hotel donde dormir esta noche? Pregunté.
  • En el pueblito que encontró antes de llegar aquí debe haber uno. Me respondió la señora.

Ya estaba devolviéndome hacia el carro cuando una señora gritó desde el fondo del patio:

  • ¿Cómo se llama la finca?
  • ¡El Encanto! Le dije.
  • ¿Esa no será la finca del marido de Samira? Gritó la Señora.

Y grité:

  • ¡esa misma es!

¡No podía ser otra! Era un nombre poco común.

Me dieron las coordenadas y nos devolvimos (como una hora de viaje) hasta llegar al sitio indicado. Allí ingresamos a una carretera rural donde había varias fincas. Los nombres estaban visibles en las entradas, pero ninguno decía “El Encanto”.

Conduje un poco más (ya eran cerca de las 6 pm. Y después de unos minutos, decidí devolverme y buscar el hotel más cercano, teníamos hambre y sueño. En el camino de regreso, venia en dirección contraria y cerca de una curva, un camión. Me detuve para facilitar el paso del camión en la curva ya que no había espacio para 2 vehículos y cuando se puso a mi altura, bajé el vidrio, saqué la mano y le pedí con señas que se detuviera.

  • ¿Usted conocerá la finca El Encanto?

El chofer saco la cabeza por la ventana lo más que pudo y con la mano me señaló hacia la próxima curva.

  • Después de la curva hay una entrada a la derecha. Entre que allí está la finca.

¡No lo podía creer!

Le di las gracias y rápidamente llegamos a la curva y entré. Era una casa grande pero no se veía a nadie, un perrito nos ladraba. Toqué la corneta y salió una señora algo mayor quien con cierto recelo, se acercó al carro.

  • ¿Que desea?
  • Estoy buscando a Andrés.
  • El Sr. Andrés está revisando unas vacas. Debe venir en un rato.
  • ¿Lo puedo esperar? Le pregunté.
  • A veces se tarda. Me dijo.

Como a la media hora, vimos acercarse a alguien a pie. Yo me aparté un poco y le pedí a mi esposa que estuviera al frente. Yo no sabía que le habían informado a Andrés que lo estaban buscando.

Yo estaba con mis hijos un poco apartado de los carros. Andrés se dirigió hacia mi esposa:

En ese momento le grité desde donde yo estaba

  • Ey Dr. (Dur).

(Así nos llamábamos mutuamente durante el bachillerato simulando que éramos doctores)

Y Andrés quedó en neutro y volteó lentamente hacia donde yo estaba. Sus ojos se iluminaron y corrió hacia mí con los brazos abiertos.

  • ¡SOCIOOOOOO!

Un fuerte abrazo de dos amigos que tenían años (más de 30) que no se veían.

Estuvimos conversando de miles de vainas hasta la madrugada cuando ya el sueño me venció. Un reencuentro ansiado. Un reencuentro de hermanos. Una vez recuperados del cansancio, compartimos unos excelentes días. Mis hijos disfrutaron el cambio y conocieron a mi mejor amigo.

Hemos vuelto a jugar ajedrez y le he ganado alguna que otra partida, pero no puedo con la creatividad y genialidad de mi pana.

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