Luis Rafael – @Resist_VZLA2017

Luis Rafael

Luis Rafael, mi padre, era un hombre muy trabajador. Dedicó su vida a sacar adelante a su familia honradamente. Nació en Margarita en una familia humilde y numerosa y solo estudió hasta tercer año de bachillerato. Muy joven se fue de su casa buscando nuevos horizontes. En esa etapa comenzó su lucha por un mejor bienestar y conoció a mi madre con quien tendría, muy pronto, su primer hijo de un total de 8…yo.

Después de su muerte, me contó uno de sus mejores amigos, que, siendo mi padre aún muy joven, compró un camión para trabajar aprovechando unos créditos que daban los bancos. Salió para Puerto Ordaz con su camión y tenía que atravesar el Orinoco en una chalana. Montaron el camión en la chalana y apenas arrancando esta se volteó y… perdió el camión. Este incidente no fue un freno para mi padre. Continuó siempre en la búsqueda de una mejor vida.

Cuando yo estaba por graduarme de bachiller, me dijo: si sacas todas tus materias, te enviaré a los Estados Unidos a estudiar. Me qued ó una materia: Biología. Buscó entonces mi padre un profesor amigo de él y tuve mis clases intensivas y pasé el examen, me gradué de bachiller. En 2 semanas, llegué a USA a estudiar inglés.

Después de algunos sucesos que detallaré en otro escrito, logré graduarme de ingeniero en una reconocida universidad norteamericana.  Hice los arreglos para el regreso a Venezuela con mi diploma, mi caja de discos y libros y muchas esperanzas puestas en mi futuro. Pero sobretodo, responderle a mi papa por su esfuerzo y por su confianza. Recuerdo que me bajé del avión en Maiquetía e inmediatamente después del chequeo del equipaje y los documentos, allí estaba él con una cara de felicidad que jamás podré olvidar. Nos abrazamos, me presentó a algunos amigos que lo habían acompañado al aeropuerto. Recuperamos el equipaje y yo pensé que el regreso a Margarita sería esa misma noche, pero no fue así. Nos quedamos donde mi abuela materna en Catia quien me regañó, por cierto, por no haberme quedado en Norteamérica.

Muy temprano a la mañana siguiente, nos regresamos a Maiquetía para regresar a Margarita. Al llegar me llamó la atención que no fuimos donde normalmente se toman los vuelos comerciales, sino que llegamos donde estaba una avioneta y rápidamente cargamos el equipaje y yo, hecho el musiú, esperaba por el piloto de la aeronave. Una vez arreglados los equipajes y que mi madre y mi hermano menor estaban ya en sus puestos, mi padre me dijo que me sentara en el puesto del copiloto, de momento pensé que era como un halago de mi padre hacia mi y rápidamente busqué de nuevo al piloto y ya cuando estaba en mi asiento y asegurado, mi padre se sentó en el puesto del piloto y procedió a revisar toda la instrumentación y solicitar los permisos para despegar. Yo quedé en neutro. Le pregunté que de quien era la avioneta y me dijo ¡MIA!

Las emociones no terminaron allí, una vez otorgado el permiso para despegar, Mi padre elevó el avión a la altura apropiada y comenzó a darme las primeras clases de piloto. Me explicó lo de la ruta, lo de la altura y me preguntó : ¿entendiste?… Le respondí que sí y entonces me dijo: ¡llévalo tú! Y como dicen los larenses… ¡Na guara!

Llevé la avioneta perfectamente hasta que nos acercamos a Margarita. En ese momento él me dijo: ahora me toca a mí. El proceso de aterrizaje va en otra clase.

Y aterrizamos en Margarita. No podía sentirme más orgulloso y contento.

Mi padre estaba orgulloso de mi… y yo de él.

Esta historia continua…

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s