Encuentros cercanos con Satanás. Enero 2019 – @Resist_VZLA2017


Satanás (no era su nombre real, pero todos lo conocían así) vivía entre las poblaciones de Los Hatos y La Vecindad, en el Estado Nueva Esparta (Margarita). Era el brujo (y ladrón) que azotaba toda la zona a su alrededor. Un día se antojó de nuestro hogar, una de las pocas viviendas que había en esa zona que contaban con las herramientas necesarias para darle a sus habitantes una calidad de vida regular, como tanques de agua aéreo y subterráneo (recuerden que en la isla el agua era escasa) y por supuesto, la bomba de agua que se usaba para llenar el tanque aéreo cuando disminuía el agua. Pues, a Satanás se le ocurrió la idea de robarse la bomba de agua y adicionalmente, se llevó a Capitán, nuestro perro Pastor Alemán, quien, además, era la mascota querida de nuestro padre.

Por su ocupación, nuestro padre viajaba mucho y al regresar de su viaje, recibió la noticia. Nuestra madre le explicó los detalles conocidos sobre el hurto de la bomba y el perro. Inmediatamente exclamó “yo sé quién fue” y salió en su camioneta a buscar a Capitán. Contó después, que al recorrer la calle donde se suponía vivía Satanás, oyó los ladridos del perro que había sido encerrado en una jaula, pero este, al reconocer el sonido de la camioneta de nuestro padre, comenzó a ladrar tratando de hacer notar su ubicación. Rápidamente, nuestro padre dio con el lugar donde estaba la jaula y rescató a Capitán, pero en ese momento apareció Satanás argumentando que ese era su perro y nuestro padre (que andaba armado) soltó al perro y se metió a su camioneta y por supuesto, el perro también saltó dentro del carro y se acomodó a su lado, moviendo la cola, demostrando la alegría que sentía por tener a su dueño al lado.

Ambos partieron hacia casa donde recibimos a Capitán con una gran demostración de alegría.

No supimos más de Satanás por un tiempo, aunque siempre oíamos de sus andanzas y sus brujerías.

Leira era una maestra recién graduada que fue a Margarita a pasar las vacaciones con sus dos mejores amigas. Fulvia, una de ellas, era pariente de unos primos que vivían cerca de nuestro hogar y adonde yo iba con frecuencia a conversar y por supuesto, las tres amigas se quedaron con los primos durante las vacaciones. Allí las conocí…  y quede impresionado con Leira. Fue amor a primera vista. El único “detallito” era que ella tenía 24 años y yo solo 17. Ella era una profesional y yo solo un estudiante de bachillerato. Ella venia de la gran ciudad y yo vivía en un pueblito. Sin embargo, hubo química. Salimos varias veces (en grupo) y un par de veces solos. Una de esas veces caminábamos por la orilla de la calle principal. Esta calle, después de las 7 de la noche era sencillamente… solitaria… y oscura. Caminamos juntos en dirección a La Vecindad conversando, bromeando y ocasionalmente tomados de las manos. Ya de regreso a casa, como a unos 100 metros de nuestro destino final y en uno de esos intervalos entre poste y poste de iluminación, donde no llegaba mucha luz… salió Satanás de entre los matorrales corriendo hacia nosotros y gritando como loco…  El susto fue mayúsculo. Leira casi se desmaya, pero logró correr y juntos llegamos sanos y salvos, pero pálidos, a nuestro destino. No vi adonde se terminó de ir Satanás, pero es algo que nunca podré olvidar… y creo que Leira tampoco.

Todos los pueblos tienen un personaje característico que destaca por hacer el bien… o el mal.

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