Estrechez de Corazón – Sonia Virginia Torin – @soniavirginiat

– Mamá por favor no salgas, tengo miedo.

– No temas mi pequeño valiente, yo debo trabajar, tu sabes que mami ayuda a curar a otros.

– ¿Y si eres tu quien enfermas?

Ella se levantó con una sonrisa y adaptando la pose de una súper heroína dijo:

– Soy la súper mamá doctora y si me das un beso tendré súper poderes.

El niño enseguida le da un beso y la abraza.

Ella sale enternecida, pero respirando profundo sabe que lo que vendrán no son horas fáciles.

Toma el metro. Llega a comprar guantes y unos tapabocas en una fila de profesionales de la salud, el Gobierno no ha provisto de suficientes a los hospitales. Llega a cumplir su turno. Mucha gente, mucho miedo, poca información y demasiada ignorancia, combinado con una pandemia, el caos.

Raquel había dejado las pestañas desde niña para luchar por el sueño de graduarse en medicina, trabajo mientras estudiaba para poder comprar libros y los instrumentos que requería.

Sus padres de bajos recursos habían redoblado trabajos para apoyarla cuando dejó de trabajar.

Luchas, madrugadas de desvelo, estudiar, dedicar horas en pasantías de hospitales donde necesitaban de todo. Llantos de impotencia, sonrisas por logros, sacrificios.

Muchos preguntando: ¿Tan bella porque no buscas un hombre que te mantenga? ¿Todo eso para trabajar con enfermos?

Pero todo valió la pena cuando recibió su título, ya estaba graduada en Medicina. En su vientre ya crecía una vida de un novio que le dijo que la ayudaría, pero se convirtió en servicio de luz en Venezuela, era más tiempo con el que no se contaba que cuando si estaba.

Sus padres y hermana se hicieron enseguida pilares de apoyo…y ella pudo seguir atendiendo en el hospital.

Años y llega este virus que tuvo que llenar de valentía de todos en cada hospital…dar más horas, doblar turnos ¿Descanso? ¿Eso qué será?

Pero allí están los de limpieza, los camilleros, enfermeras, doctores, vigilantes, todos arriesgando su salud, su vida y sus familias.

Pero al salir, cansada, Raquel se enfrenta con algo peor, hay insultos de la gente en la calle: ¡Nos van a enfermar a todos!

Una hoja amenazante en la puerta de su apartamento: «vete de aquí Raquel, eres una egoísta, no te permitiremos seguir entrando, no queremos contagiarnos»

Y las lágrimas caen. Había luchado desde la madrugada con aquella mujer diabética que luchaba por vivir por dos niños, y que sentía una asfixia tan desesperante que creyó morir. ¿Yo egoista?

Pensó en que usaba su dinero en conseguir guantes para ella y para otros compañeros, en todo lo que ha dejado de vivir junto a su hijo…en fin, todo pasaba por su cabeza mientras las lágrimas corrían.

No sabía que hacer…todo era tan injusto.

Y recordó el video de los aplausos en España al volver los médicos y enfermeras a casa.

Pero aquí no era así… al día siguiente viviría lo peor.

Al volver luego de quedarse toda la noche, cuando una amiga ingresó infectada por el virus y ella se quedó más tiempo junto a ella.

Al pasar por una calle una señora tomo cloro y se lo tiró en el cuerpo y rostro.

Todo ardía, quemaba, un ojo dolía. Escucho la voz de aquella mujer insultándola, ella casi ciega sintió una mujer intercediendo por ella con agua que la refrescaba.

Raquel estaba emparamada. Pero era mayor la confusión, el dolor y la tristeza.

Escucho la voz de su hermana, llegó una patrulla y la montaron en un carro para volver al hospital.

La mente divagaba ¿Por qué alguien me hizo esto?

¿Cuál es el mal que estamos haciendo tantos que damos nuestra vida?

Hospitalizada, con posibilidad de pérdida de visión, era una de las víctimas de este egoísmo que está haciendo estragos y que se presenta más agresivo que el coronavirus. La ignorancia y la maldad hacia el otro.

Los gritos contra ella estuvieron mezclados con los que decían: «¿Quién te va a atender cuando te estés muriendo? ¿Cómo son capaces de hacerle esto a quien está luchando como un héroe por nosotros?»

Y Raquel recordó ese momento con su hijo donde él la abrazo porque era su súper doctora mamá.

Eso le dio nuevos ánimos. Era una heroína.

Su recuperación ha sido progresiva y solo anhela el momento de volver a trabajar.

Ellos son los héroes de la contingencia, quienes inmerecidamente reciben insultos y vejaciones cuando solo deberían sentir agradecimiento y apoyo.

Cada uno de ellos son vitales en esta lucha.

No están solos, aún entre tantos ignorantes que sólo muestran la bajeza de la calamidad y ellos mismos son como un virus. Hay más quienes oramos por ustedes y no dejan de agradecer lo que a diario hacen.

A todos nuestros héroes sin capas, Gracias, Gracias mil gracias

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